Me encanta bailar en la oscuridad. Cuando estoy rodeada de sangre, que es a menudo, es una sensación de paz, una vía de escape. Disfruto desconectando mentalmente de la existencia, aunque solo sea por un instante. A veces cierro los ojos y me abstraigo de todo mientras mi cuerpo gira alrededor del aro o mientras las telas se envuelven alrededor de mis extremidades y quedo suspendida en el aire. Normalmente, a mitad del número, improviso y dejo caer la cabeza al ritmo de la música, imaginando un público silencioso que no puede apartar la vista de mí. La música sigue sonando; el género depende completamente de mi estado de ánimo. Me repito a mí misma que la ansiedad y las voces innecesarias no existen.