Mientras paseaba por Berlín, Kafka oyó a una niña llorando desconsoladamente porque había perdido su muñeca. Para calmarla, se le ocurrió una idea: fingir ser el cartero de muñecas y decirle que su muñeca no estaba perdida, sino que se había ido de viaje. Esta es una adaptación teatral de la novela que ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.