Estas reflexiones son el diario de Mann durante la Primera Guerra Mundial. Por primera vez, el autor se involucra en un debate ideológico, exaltando los valores que consideraba amenazados. Aquí defiende «cierta idea de Alemania», critica las virtuosas banalidades de la propaganda aliada —los defensores de la democracia— y afirma que existe una oposición irreconciliable entre la cultura y la «civilización» de sus adversarios. La cultura se ocupa del alma, es propia de un país y está dirigida al individuo. La civilización, preocupada por el progreso técnico y material, es internacional y solo se preocupa por las masas. Nos conduce directamente al reino del hormiguero.