El éxito financiero no siempre es el resultado del trabajo duro. Hay personas capaces de generar prosperidad con el mínimo esfuerzo, mientras que otras nunca lo consiguen. La diferencia es que los primeros son conscientes de la prosperidad y el trabajo que realizan es la verdadera expresión de sus valores personales y espirituales. La conciencia de prosperidad a menudo se ve bloqueada por nuestra concepción de la abundancia material, emocional y espiritual, y enfrentamos obstáculos que responden a intenciones negativas.