Una característica común de los diarios de los escritores es que otros se encargan de publicarlos póstumamente. Estas publicaciones podrían parecer una violación de la privacidad del diarista, pero no cabe duda de que, al conservarlos, el escritor demuestra ser consciente de su valor intrínseco. Esto resulta aún más evidente en el caso de Alejandra Pizarnik, ya que conservó sus cuadernos hasta el final”, comenta Ana Becciu en la nota que acompaña a esta nueva edición, corregida y ampliada, que incluye numerosos fragmentos reveladores nunca antes publicados, de los diarios de una mujer que transformó su angustia en una destilación de palabras duras y bellas.