En 1771, la corona española extendió sus vastos dominios a ambas orillas del océano, gobernando el mayor imperio de su época. Eran tiempos de esplendor, pero también de sombras. Con tan solo dieciocho años, Jaime abandonó Menorca, ocupada por los británicos, para estudiar navegación en Barcelona. Quería combatirlos en el Caribe, junto a las fuerzas de Carlos III, y así vengar el daño que los ingleses infligieron a su familia. Mientras tanto, en Madrid, Almudena se encontraba en una situación desesperada tras la represión que siguió al motín de Esquilache. Al encontrarse en la capital, le rogó a Jaime que la ayudara a escapar.