Cualquiera que hoy mire un cuadro de El Greco es capaz de reconocer un estilo único en sus obras. Era un niño que miraba absorto los cuadros que adornaban las iglesias de su ciudad y con el paso de los años se convirtió en un auténtico artista. Siempre se consideró un genio y actuó como tal tanto en su profesión de pintor como en su vida diaria, desarrollando a su manera un mundo artístico muy personal.