En los últimos años ha surgido en la sociedad occidental del bienestar un nuevo tipo de hombre: el hombre luz. Se trata de un ser hedonista y materialista cuyo único objetivo en la vida es alcanzar el éxito; un ser al que sólo le interesa el dinero y el consumo. En definitiva, un hombre infeliz e inseguro, vulnerable e indiferente por la saturación, que ha hecho de la permisividad su nuevo código ético y que oscila entre la tolerancia ilimitada y la revolución sin propósito.