Todo empieza con una explosión en el Metropolitan Museum diez años atrás y la imagen de un jilguero de plumas doradas, un cuadro maravilloso del siglo XVIII que desapareció entre el polvo y los cascotes. Quien se lo llevó es el mismo Theo, quien entonces era un chiquillo , huérfano de madre, dedicado a desgastar su vida: las drogas lo arañaron, la indiferencia del padre lo cegó y su amistad con Boris lo llevó a la delincuencia sin más.
Aquello estaba a punto de acabar y de la peor manera, en el desierto de Nevada, pero no. Al pasar el tiempo, otra vez las calles de Manhattan, una pequeña tienda de anticuario y un bulto sospechoso que ahora va pasando de mano en mano hasta llegar a Holanda…