Todos hemos tenido miedo en algún momento. Y no es de extrañar que el miedo se considere uno de los mayores obstáculos para el progreso y la excelencia, tanto en lo personal como en lo profesional. Entonces, ¿cómo es posible que yo pretenda considerar al miedo, no sólo como un amigo, sino como un amigo del alma? El problema no está realmente en el miedo, sino en nuestra percepción del mismo. ¿Qué debemos hacer cuando aparece el miedo? OÍRLO. ¿Y qué hacemos realmente? ENFRENTARLO.