Una hermosa adaptación del cortometraje del autor, El niño que amaba la luna, cuenta la historia de un niño que cruza los mares más profundos y finalmente se enfrenta a los dragones más temibles para encontrar el amor verdadero. Es una metáfora que nos muestra que en la vida, por muy difíciles que se pongan las cosas, nunca debemos renunciar a nuestros sueños.