Todo el enigma del trópico latinoamericano se reduce a la fragancia de una guayaba podrida, dice Gabriel García Márquez a Plinio Apuleyo Mendoza, su amigo de juventud; descubre también lo que piensa de la literatura, la fama, la política, el poder, las mujeres, su amistad con Fidel Castro, Mitterrand y Torrijos, así como su compromiso con la defensa de los derechos humanos, en una conversación reveladora, apasionada, que conserva su actualidad y frescura aún después de casi 30 años de haber tenido lugar.