Hirasaka dirige un estudio de fotografía en la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Cuando sus clientes acuden a su tienda, les da la bienvenida con una taza de té, les dice que han fallecido y los prepara para despedirse. Antes de que abandonen su lugar de paso, les entrega una pila de fotografías de su vida para que puedan elegir una cada año. También tienen la oportunidad de revisitar el pasado y capturar un momento que sea importante para ellos.