Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro (si nos lo proponemos). «Nazareth Castellanos deja claro, casi como si te contara un cuento, que ni siquiera sospechamos la relación entre nuestro cerebro y el resto de nuestro cuerpo». Borja Hermoso, La Conversación Infinita. El cerebro es un órgano plástico, que puede esculpirse con la intención y la voluntad como herramientas.