Su maestra sonrió. "Solo haz una marca y verás adónde te lleva". La clase de arte terminó, pero Vashti estaba sentada pegada a su silla frente a una hoja en blanco. Las palabras de su maestra eran una amable invitación a expresarse. Pero Vashti no sabía dibujar; no era artista. Para demostrarlo, Vashti golpeó una hoja en blanco para hacer una marca común y corriente, llena de ira. "¡Ahí!", exclamó. Ese pequeño punto marca el comienzo del viaje de sorpresa y autodescubrimiento de Vashti. Ese momento especial es el núcleo de la delicada fábula de Peter H. Reynolds sobre el espíritu creativo que todos llevamos dentro.