El Príncipe de la Envidia nunca ha pretendido ser un santo. Pero cuando una nota críptica señala el comienzo de un juego mortal, sabe que hará falta más que una pizca de pecado para ganar y salvar a su corte demoníaca de la caída. Acertijos, objetos encantados, competidores anónimos... Nada se interpondrá en su camino, aunque ninguno de sus meticulosos planes lo prepara para ella, la artista frustrante que enciende su pecado como nunca antes lo había hecho nadie.