Y si Arthur aprendió a vivir con un oso, vivir con un hermano autista sería, al final, mucho más fácil. Arthur volvió a enfadarse con sus padres: una vez más le dieron la razón a su hermano menor. Ya era suficiente, así que decidió irse de casa. Cuando abrió la puerta se encontró con el señor P, que inmediatamente lo hizo volver. ¡Y el señor P no era otro que un oso polar, que llegó con una maleta y la dirección de Arthur! El protagonista, armado de valor, comenzó así una inesperada convivencia entre la familia y el enorme animal.