En esta novela autobiográfica de sus años de juventud, el autor describe la vida de su alter ego Henry Chinaski -saltando de un trabajo a otro, todo sólido, duro, sin sentido, emborrachándose, obsesionado con follar, intentando materializar su vida como escritor- y nos ofrece una visión brutalmente divertida y melancólicamente horrorizada de la ética del trabajo, de cómo ésta rompe el "alma" de los hombres.