En un aula de Seúl, una joven observa a su profesor de griego frente a la pizarra. Intenta hablar, pero ha perdido la voz. Su profesor se siente atraído por la silenciosa mujer, pues día a día va perdiendo la vista. Pronto descubren que un dolor más profundo los une. Ella, en tan solo unos meses, ha perdido a su madre y la custodia de su hijo de nueve años. Él sufre el dolor de crecer entre Corea y Alemania, dividido entre dos culturas e idiomas, y teme perder su independencia.