Involuntariamente o sin saberlo, y muy a nuestro pesar, nuestros padres, abuelos y antepasados nos han dejado duelos sin resolver, traumas sin resolver y todo tipo de secretos. Sin embargo, lo oculto a veces se expresa en el cuerpo mediante la somatización. El cuerpo de un hijo, un nieto o incluso un bisnieto, sin importar su edad, se convierte entonces en el lenguaje del antepasado herido. Por lo tanto, es necesario —para liberarnos finalmente de esta carga— decodificar y sanar las heridas que no han sanado.