Holly Gibney, la detective privada, protagoniza su primera novela en solitario. Cuando Penny Dahl contacta con Finders Keepers para que la ayuden a encontrar a su hija, algo en la voz desesperada de la mujer la impulsa a aceptar el trabajo. A poca distancia de donde desapareció Bonnie Dahl, viven los profesores Rodney y Emily Harris. Son el epítome de la respetabilidad burguesa: una pareja devota y semi-jubilada de ochenta años. Nadie adivinaría que, en el sótano de su inmaculada casa, llena de libros, albergan un secreto directamente relacionado con la desaparición de Bonnie. Son astutos, pacientes e implacables, y obligarán a Holly a usar todas sus habilidades y arriesgarlo todo si quiere cerrar el caso más oscuro al que se ha enfrentado.