Pocos grupos contemporáneos poseen una presencia tan poderosa y a la vez paradójica como Joy Division. Pocas bandas tienen una imagen tan singular, y a la vez tan representativa de las transformaciones que ha experimentado la música popular. Casi cuatro décadas después de su desaparición de los escenarios, su delicado equilibrio sonoro sigue resonando en innumerables bandas actuales. Mientras tanto, los retratos de Ian Curtis han adquirido un peso visual comparable al de los grandes rostros del rock, a la vez respetados y trivializados, símbolo de pureza y de la gran maquinaria comercial.