Reyna Grande tenía nueve años cuando cruzó la frontera entre México y Estados Unidos en busca de un hogar y un reencuentro con sus padres, quienes la habían dejado en su tierra natal para migrar a Los Ángeles en busca de una vida mejor. Sin embargo, lo que encontró fue una madre indiferente y un padre alcohólico y violento, en un país cuyo sistema educativo despreciaba sus raíces. Reyna se refugió en las palabras. Su amor por la lectura y la escritura fueron su inspiración para seguir adelante y lograr lo que parecía imposible: ser la primera persona de su familia en asistir a la universidad. Pero la experiencia universitaria fue intimidante y pronto descubrió que no sabía lo que se necesita para construir una carrera a partir de un sueño.