Lisbeth Salander está lista para la batalla final contra la única persona que, siendo idéntica a ella, es su opuesto en todo: su hermana Camila. Pero esta vez, Lisbeth tomará la iniciativa. Ha dejado atrás Estocolmo, tiene un nuevo peinado y se ha quitado los piercings. Podría pasar por otro ejecutivo. Pero los ejecutivos no esconden un arma debajo de la chaqueta, no son expertos hackers, ni llevan cicatrices o tatuajes que les recuerden que han sobrevivido a lo imposible.