Como bailarina, sorprendió y deleitó al público; como cortesana, hechizó a los hombres más ricos y poderosos. Pero cuando la paranoia consumió a un país en medio de la Primera Guerra Mundial, el estilo de vida de Mata Hari la hizo sospechar. En 1917 fue arrestada y acusada de espionaje en su habitación de hotel en los Campos Elíseos. Y aunque había pocas pruebas para incriminarla, no pudo escapar de la persecución y el enjuiciamiento de la inteligencia militar francesa.