Una promesa que le hizo a su madre lo mantuvo con vida en medio del horror del Holocausto. Cuando Abram y su madre llegaron al campo de exterminio de Auschwitz el 29 de agosto de 1944, se dieron cuenta de que ese sería su fin. En sus últimos momentos juntos, ella le pidió que hiciera todo lo humanamente posible para sobrevivir y contarle al mundo entero lo que les había sucedido a los judíos. Minutos después, ella fue asesinada en la cámara de gas.