Los lectores que llegaron con el corazón encogido al final de La chica que soñaba con un fósforo y una lata de gasolina quizás prefieran no seguir leyendo estas líneas y averiguar por sí mismos cómo continúa la serie y, sobre todo, qué le sucede a Lisbeth Salander. . Como ya imaginamos, Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el cirujano más hábil, para salvar su vida. Le esperan semanas de encierro en el mismo centro donde la sigue acechando un paciente muy peligroso: Alexander Zalachenko, Zala.