La sabiduría es la madre de todas las virtudes. La necesitamos para poner en práctica con claridad el coraje, la disciplina y la justicia, porque la sabiduría nos da perspectiva, revela la verdad, nos muestra cómo funciona el mundo y nos guía. El discernimiento, esa rara capacidad crítica, no es un don innato. La sabiduría se cultiva. La sabiduría se gana.