“El mundo se aceleró y se volvió incierto, complejo y volátil. Y fue este mundo disruptivo el que me reveló la fragilidad de las escuelas de negocios. Fui víctima de las discapacidades de esas escuelas. Después de graduarme de dos especializaciones, e incluso en el proceso de obtener un par de maestrías, no pude hacer despegar mi negocio. Estaba metido en un "negocio de pendejos" -como suelo llamarlo-, hasta que encontré la salida.