Se necesita mucho tiempo para que la fisonomía de una época tome forma. El presente es puro flujo, aturdimiento, confusión. El presente es cada uno de los momentos o episodios o imágenes aisladas que uno experimenta, sin mucha conexión entre ellos, sin un orden claro y mucho menos una tonalidad. Una era toma forma cuando ya ha pasado. Se advierte entonces el parecido de familia entre lo que parecían singularidades, así como se advierte la profunda homogeneidad que existía en los más variados aspectos de la vida material, desde la moda hasta los peinados, pasando por las formas de los automóviles y la estética de los anuncios. a las siluetas de la gente en la calle. “Todo lo que es de la misma época se parece”, dice Proust, que tanta atención le prestó.