Uno de esos libros que todo aquel que viaje a una isla desierta debería llevar consigo es una obra fundamental de la literatura universal. Se trata de una colección de relatos con raíces orientales, escritos originalmente en árabe en el Bagdad abasí durante los siglos VIII y IX. Rebosante de vivacidad, ingenio y una imaginación deslumbrante, algunos de estos cuentos tienen su origen en China, Indochina, Persia, India, Grecia y Egipto. En el siglo V, recibió su primera versión más pulida en Egipto, que el orientalista y arqueólogo francés Antoine Galland dio a conocer en Occidente con su primera traducción en 1704. Si bien contiene numerosos anacronismos históricos, la obra es una fuente inagotable de información poética, etnográfica y folclórica.