En Les Particules Elementaires, Houellebecq lleva su frase «Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus heridas. Pon el dedo en la llaga y presiona fuerte» hasta su conclusión definitiva. La novela narra el improbable nudo que unirá los destinos de dos hermanastros: Michel, un prestigioso investigador en biología, una especie de monje científico que a los cuarenta ha renunciado a su sexualidad y solo camina para ir al supermercado; y Bruno, también de cuarenta años, profesor de literatura, obsesionado con el sexo, consumidor de pornografía, misógino, racista, un virtuoso del resentimiento. Una encarnación consumada, en definitiva, de una sociedad en la que la velocidad del placer no deja tiempo para el nacimiento del deseo. Ambos han sido abandonados por una madre que prefería una comuna hippie en California a cualquier otra aventura. El humor de Houellebecq se acerca más a la risa desesperada que al júbilo fugaz de un chiste. La novela se desarrolla como si las parábolas más pesimistas de Kafka ya se hubieran hecho realidad, sin que nadie lo notara.