El siglo XX fue un siglo de cambios en el mundo en que vivimos. Desde luchas por la independencia en diversos países hasta guerras sangrientas y prolongadas, desastres y avances tecnológicos. Ryszard Kapusczinsky, periodista polaco, fue testigo de estos cambios y, a su vez, permitió que muchas personas vieran el mundo a través de sus ojos. Sin embargo, el trabajo del investigador polaco no fue fácil, ya que narró la historia desde dentro de los propios acontecimientos, con las personas que los vivieron, en el lugar y el momento precisos, y con sus perspectivas únicas. Como él mismo subraya, "es un error escribir sobre alguien con quien no has compartido al menos una parte de tu vida". Es precisamente por esta razón que la obra se titula "Los cínicos no sirven para esta profesión", considerando cínicos a aquellos que afirman ejercer el periodismo desde la comodidad de la observación externa, aquellos que trabajan para complacer al jefe o su propio interés sin ver más allá de sí mismos, aquellos que no valoran su importancia como comunicadores o aquellos que carecen de solidaridad. Sus obras recogen testimonios de quienes habitan este planeta, más desconocidos de lo que parecen, dando voz a quienes experimentan el socialismo real (mineros rusos explotados), la guerra (africanos, asiáticos, latinos), la represión o las diversas circunstancias que se dan y a las que pocos se dignan a dar voz. Su mensaje se opone a los cínicos: aquellos que, geográficamente hablando, se encuentran en África viviendo una versión europeizada de sí mismos como «periodistas», a quienes desprecia por ser «inhumanos». Kapuściński valora la historia aplicada al periodismo. El periodismo es el estudio de la historia en el preciso momento en que se desarrolla. Por lo tanto, es necesario presenciar todos los acontecimientos relevantes en el ámbito más amplio posible, para narrar el presente teniendo en cuenta el pasado y anticipando el futuro. Adaptarse a las circunstancias reales, en lugar de evitarlas, es la clave para que el público que lee o recibe las noticias encuentre la mejor fuente, y es este tipo de trabajo arduo lo que confiere al buen periodismo su trascendencia: renunciar a los principios autoritarios del poder y al prejuicio de que las personas mayores "siempre tienen razón simplemente por ser mayores y tener experiencia". Significa afrontar las dificultades, valorar a las personas sobre las que se escribe, en resumen, superar miedos y prejuicios, y mantenerse al día con la evolución del mundo. En cuanto a mantenerse al tanto de las nuevas tecnologías, Maria Nadotti menciona que, para los jóvenes, a quienes están destinados a superar, la tecnología no desplaza al periodismo, sino que sirve como herramienta para facilitarlo.