La mitología egipcia bien puede considerarse la madre de todas las mitologías, tanto por su antigüedad como por su contenido fantástico y fascinante, con miles de años de historia —nadie sabe con exactitud cuántos— y un lenguaje escrito y dibujado que puede rivalizar fácilmente con la escritura cuneiforme de los sumerios, y que aún se conserva hoy en día en las paredes de las pirámides, templos, tumbas y papiros. Sus dioses son tan protohumanos como espirituales, en un bucle espacio-temporal de avatares con nombres secretos e impronunciables y nombres por los que los hombres los reconocen, donde Ra envejece y mengua;