En un mundo de víboras, ella también muerde. Ryder, Garrett, Kenzo y Diesel son las Víboras. Controlan la ciudad y a todos sus habitantes. Sus negocios son tan sórdidos como ellos, y su reputación es suficiente para doblegar a un hombre y obligarlo a suplicar clemencia. No son gente con la que se deba jugar, pero mi padre sí lo fue: se endeudó con ellos y luego me vendió para cubrir sus pérdidas. Sí, me vendió. Ahora soy suya. Soy suya en todo el sentido de la palabra. Pero nunca he sido dócil ni sumisa, aunque estos hombres me miren con lujuria y sus manos marcadas por cicatrices y sangre me aprieten con fuerza.