Los ocho relatos que componen Octaedro —una figura tan geométrica como misteriosa, tan perfecta como enigmática— entrelazan ciertos temas sociales y políticos que Cortázar había explorado en Manual para Manuel (1973) con sus temas más recurrentes: el amor, los sueños, la enfermedad, la muerte y el umbral entre lo cotidiano y lo fantástico. Pero estos relatos también funcionan como rostros que, en conjunto, completan el significado del todo: así, el personaje que narra su propia muerte en «Liliana llorando» encontrará su contraparte en «Las fases de Severo». Cada una de las tramas encuentra continuaciones alternativas a lo largo del libro, extrañas formas de resonancia. Compacto y, a la vez, ilimitado; preciso y también impredecible, si un libro de relatos puede describirse como una novela disfrazada, sin duda es Octaedro.