Es una verdad universalmente reconocida que todo hombre soltero en posesión de una gran fortuna debe tener una esposa. La ingeniosa primera frase de esta interesante novela es una de las más conocidas y repetidas de toda la literatura inglesa, y desde el mismo comienzo revela el tono burlón que la escritora pretende dar a su relato, en el que nos desgrana lenta, inteligente y amenamente el valor y los efectos que la riqueza y el dinero tenían sobre los sentimientos amorosos en su época. El verdadero tema sobre el que se construye esta novela es, sin duda, ese efecto que tiene la riqueza sobre el amor en la sociedad inglesa de finales del siglo XVIII y principios del XIX.