Antonia Scott es especial. Muy especial. No es policía ni criminalista. Nunca ha empuñado un arma ni llevado placa, y aun así ha resuelto docenas de crímenes. Pero Antonia lleva tiempo sin salir de su ático en Lavapiés. Lo que ha perdido le importa mucho más que lo que la espera ahí fuera. Tampoco recibe visitas. Por eso no le gusta nada oír pasos desconocidos subiendo las escaleras del último piso. Sea quien sea, Antonia está segura de que vienen a por ella. Y eso le gusta aún menos.