Cuando la imagen de una bestia devoradora de hombres viaja a través del nervio óptico hasta la corteza visual, el cerebro envía un mensaje urgente al cuerpo: ¡corre! Eso es lo que hace la gente normal, pero no los cazadores de leones. En lugar de ver un problema de doscientos cincuenta kilos, ven una oportunidad para que Dios muestre su poder.