En estos días, se ve con más frecuencia a las personas explotando de ira incluso por las cosas más pequeñas. Los consultorios de psicólogos y psiquiatras están llenos de personas que realmente quieren controlar su ira. Aun así, los resultados son insuficientes para silenciar a ese monstruo que se alza en sus vidas y que quieren ocultar. El problema es que, por mucho que lo intenten, todo se queda en buenas intenciones. Aunque la razón les dice que su vida va cuesta abajo, la ira que sienten trata de justificar por todos los medios sus malas acciones.