El 25 de marzo de 2020 se dio la orden de iniciar el confinamiento en toda Colombia. Nuestras vidas cambiaron drástica y abruptamente. Incertidumbre. Prohibiciones. Restricciones. Escasez. Parálisis. La pandemia global fue un escenario de adaptación y aprendizaje que me permitió reflexionar sobre los cambios que se estaban produciendo en la vida cotidiana de hombres y mujeres de todo el mundo y las nuevas realidades que surgirían como resultado del fenómeno. ¿Qué pasaría con los clientes? ¿Qué pasaría con el servicio? ¿Qué pasaría con esa pasión por vivir para el beneficio de los demás? ¿Qué pasaría con las empresas y sus proveedores? ¿Qué pasaría con la corporación multinacional? ¿Qué pasaría con la pequeña tienda de la esquina? ¿Qué pasaría con el negocio familiar del que dependen todos sus miembros? Estas fueron algunas de las preguntas que surgieron como consecuencia de una decisión tan drástica pero necesaria. Una exploración tranquila y reflexiva me llevó a examinar cómo se verían afectados los hábitos de los clientes durante y después del confinamiento; qué cambios serían temporales y cuáles llegarían para quedarse.