The Walking Dead es mucho más que una referencia a un cómic, mucho más que una serie con decenas de millones de espectadores: es la irrupción definitiva de los zombis en nuestras vidas y hogares, en el mundo de la ficción convencional. Pero ¿cómo puede ser popular la imagen de una manada de no muertos devorando a un caballo vivo? ¿Cómo es posible que una serie plagada de contenido violento, repulsivo y perturbador triunfe en un espacio de producción y distribución convencional, logrando una audiencia masiva?