Quino se pasó muchos años demostrándonos que los niños son los custodios de la sabiduría. Lo malo para el mundo es que, al crecer, pierden el uso de la razón, olvidan en la escuela lo que sabían al nacer, se casan sin amor, trabajan por dinero, se cepillan los dientes, se cortan las uñas... y al final, convertidos en adultos miserables, no se ahogan en un vaso de agua, sino en un cuenco de sopa.