Las relaciones tienen la capacidad de infundir a la vida la magia de la intimidad y la conexión. Pero para muchos, esa magia suele ser fugaz. Una y otra vez, las relaciones no duran, o si lo hacen, es posible que tampoco nos hagan felices. Y así, nos encontramos repitiendo ciclos, persiguiendo amores inalcanzables, pasando por alto nuestras propias necesidades para centrarnos en las de los demás o tratando de convertirnos en los salvadores de nuestra pareja... todo mientras abandonamos a la persona que más nos necesita en este mundo: nosotros mismos.