Soy una mujer independiente, trabajadora, autónoma y como dicen bastante testaruda y controladora. Desde que mi príncipe azul se convirtió en sapo, impuse tres reglas para disfrutar del sexo. La primera: nunca con hombres casados. La segunda: nunca mezcles trabajo y diversión. Y la tercera, pero no menos importante: siempre con hombres menores de treinta años. ¿Porque? Pues porque sé que ellos van por el mismo camino que yo: ¡a disfrutar!