Albert Einstein siempre hizo las cosas a su manera, incluso en su infancia. Pensaba en imágenes, no en palabras, y esta forma especial de pensar le ayudó a comprender ideas y nociones complicadas, como la estructura de la música y por qué una brújula siempre apunta hacia el norte. Gracias a su capacidad de comprensión, quiso seguir descubriendo los secretos del universo.