Hace muchas, muchas vidas, tal vez fuiste una persona neolítica que se tatuaba líneas en las piernas y los brazos para aliviar el dolor; o tal vez un marinero que viajó a la Polinesia con el capitán Cook y observó con asombro cómo los maoríes se cubrían de tatuajes para asustar a sus enemigos. En una vida menos lejana, tal vez trabajaste en un circo: eras la mujer tatuada a la que la gente veía como una especie de monstruo. Y si en esta vida esperas ponerte algo en la piel que te acompañe para siempre,