Una obra se considera apócrifa cuando carece de la calidad del original, en este caso los Evangelios, debido a su dudosa autenticidad. Sin embargo, a pesar de no formar parte del canon bíblico, estos escritos poseen un gran valor histórico. Se dice que los Evangelios de Mateo y Juan fueron escritos por testigos directos de la predicación de Jesús, mientras que Marcos y Lucas fueron escritos por testigos indirectos que recabaron información de otros.