En Tres de cuatro soles, Asturias alcanza una incuestionable maestría al reinventar el mito maya, haciendo que el maíz alimente a la diosa-ficción y que, al mismo tiempo, sea el hombre-maíz capaz de recrearse a sí mismo para luego crear todas las cosas de su vida, lo cual supone una doble oralidad: ser al mismo tiempo alimento y palabra.