Verónica llega tarde, Verónica se retrasa inexplicablemente, y el libro continúa hasta que ella regresa o hasta que Julián está seguro de que nunca regresará. De eso trata La vida privada de los árboles: la larga y quizás última noche que Julián pasa esperando el regreso de su esposa, el final del libro. Hacia el final de esta segunda novela de Alejandro Zambra, Julián desearía ser una voz en off, un coleccionista de historias ajenas; quiere escribir y no ser escrito, pero esperar es dejarse escribir: esperar es seguir un flujo constante de imágenes. Así, la historia comienza mucho antes de esa última noche, quizás una tarde de 1984, con la escena de un niño viendo la televisión.